SCOTTY / Aconcagua 2023-2024
Por medio de John, quien había intentado escalar el Aconcagua conmigo, unos años antrás, me contactó Scotty.
Le envié toda la información relevante para que pudiera concretar su deseo de ascender al Aconcagua. Le detallé el equipo necesario y también algunas cuestiones importantes: en Argentina no iba a poder usar cajeros automáticos para retirar suficiente dinero y, en algunos lugares, tampoco iba a poder pagar con tarjeta de crédito. Por eso debía traer efectivo.
Tras algunos correos —no muchos— y luego de confirmarme su viaje, el día estipulado nos encontramos en el hotel. A ese día lo llamaré Día 1.
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Día 1
Cuando llegué, Scotty ya tenía todo su equipo desplegado en la habitación, que parecía más una tienda de montaña que una habitación de hotel. Por suerte, había traído de todo. Siempre es mejor que sobre. Solo le hacía falta un buen par de mitones, que terminó comprando, ya que alquilarlos le resultaba casi tan caro como comprarlos.
Ese día comimos una tira de asado en El Asadito, y bien temprano nos fuimos a dormir. Al día siguiente saldríamos hacia Puente del Inca.
Día 2
Con todo listo, el transfer nos pasó a buscar a las 9 de la mañana por el hotel. De Mendoza a Puente del Inca (2719 m s. n. m.) suelen ser unas tres horas de viaje, siempre que no haya problemas de tránsito ni demasiados camiones. A mitad de camino, en Uspallata, hicimos la clásica parada para comer empanadas, comprar alguna bebida y, una vez listos, continuar hacia Puente del Inca. Ese mismo día íbamos a llegar hasta Confluencia (3400 m s. n. m.).
Al arribar a Puente del Inca entregamos todo el equipo a los arrieros y, tras no más de 30 minutos, el transfer nos llevó a Horcones para presentar los permisos y comenzar la caminata hacia Confluencia, donde se llega tras aproximadamente cuatro horas de marcha tranquila, siempre manteniéndose bien hidratados. Ese día nos tocó lo que yo llamo un día perfecto: una leve brisa, algunas nubes —las justas para hacerlo confortable— y una temperatura ideal.
Con cierto cansancio, llegamos a Confluencia, donde el staff de la empresa Aconcagua Visión nos recibió con los brazos abiertos. Fue muy grato llegar y tener un domo para nosotros solos, con pizza, frutas, jugos y agua caliente para mate y café. Esa noche la cena se sirvió alrededor de las 19 horas, como es habitual. Con Scotty teníamos la idea de continuar al día siguiente hacia Plaza de Mulas (4350 m s. n. m.), ya que no contaba con muchos días y era una expedición más corta que las tradicionales. Pero… alrededor de las 2 de la madrugada, Scotty tuvo sus primeros síntomas de exposición a la altura: vómitos.
Por supuesto, como guía tomé la decisión de quedarnos un día más en Confluencia, ya que en ese estado era inviable continuar hacia Plaza de Mulas. Así, tras haber regado el suelo con gran parte de la cena y haberse hidratado bastante, Scotty se fue a dormir sabiendo que al día siguiente tendría descanso. Esa noche, sin embargo, no durmió bien.
Día 3
Día de descanso en Confluencia. Mate, charla, risas con colegas y un visitante inesperado.
Un cliente de otro grupo, que había decidido abandonar su expedición, había quedado solo en Confluencia, donde buscaba ayuda para regresar a Mendoza, ya que no tenía suficiente dinero para pagar el transfer. Tras unas llamadas, logré que lo llevaran por casi la mitad de precio de lo que le pedían. Sin embargo, él —quizá por desconfiado o indeciso, o por estar fuera de su país y sentir cierta inseguridad— dudaba de aceptar el transporte que le había conseguido. De todos modos, días después con Scotty nos enteramos que había optado por pagar el transfer que decía no poder afrontar, así que nos reímos de la situación y nos desentendimos del tema.
El día extra en Confluencia fue perfecto para reponer el sueño con una buena siesta y, a la noche, viajar finalmente al mundo de los sueños junto a Morfeo. Por supuesto, esa noche —última en Confluencia— Aconcagua Visión nos deleitó con un asadazo que, por suerte, Scotty —ya sin náuseas ni molestias— pudo disfrutar.
Día 4
Scotty se despertó con una sonrisa. Había descansado y su moral estaba mucho más elevada que la noche de los vómitos.
Desayunamos y, alrededor de las 7 de la mañana, partimos para lo que sería una jornada de aproximadamente ocho horas de caminata. Ese día, pese a que no había ni una nube, por suerte no hizo demasiado calor como suele ocurrir. Es común que esa etapa sea extremadamente calurosa, pero tal vez la brisa lo volvió más benévolo tanto para Scotty como para mí.
El trekking hacia Plaza de Mulas fue sumamente grato, sobre todo porque no encontramos demasiada gente en el camino, ya que en ciertos días de la temporada ese trayecto se parece más a una peatonal que a la alta montaña. En líneas generales, uno busca tranquilidad y, muchas veces, introspección.
Llegamos a Plaza de Mulas. Había sido un día largo, pero muy grato, y, nuevamente, la empresa que ofrecía los servicios —Aconcagua Visión— nos estaba esperando con una gran variedad de frutas, pizza, jugos, té y más de una sonrisa.
Lo que quedó del día fue para hidratarse, descansar y comer —como si fuera la última vez, en mi caso—, ya que Scotty, con algunos síntomas de la altura, se conformó con un par de bocados.
Día 5
Día de descanso. Ya estábamos a 4350 m s. n. m; hay que moverse con tranquilidad, escuchar al cuerpo y no apresurarse. De lo contrario, alguien puede bajar de urgencia con edema —sea pulmonar o, en el peor de los casos, cerebral—.
Día 6
Día en el que, con las mochilas prácticamente vacías, fuimos hasta el C1 llamado Canadá (5000 m s. n. m.). Fue una jornada muy tranquila, tomándonos todo el tiempo del mundo, sin ninguna prisa y con la tarea de mantenernos hidratados.
Este suele ser el día en que la gente se enfrenta a sí misma: botas dobles, abrigo, mochila y la altura pesando sobre la cabeza. Se siente como si faltara un pulmón para respirar. Llegar a 5000 m s. n. m. no es algo simple: el cuerpo se somete a la mitad de la presión atmosférica que existe a nivel del mar, por lo que cada paso se percibe como si nuestro cuerpo pesara casi el doble.
Volvimos a Plaza de Mulas y, tras una sabrosa sopa, cenamos a las 19 horas. Scotty se fue a descansar. Al día siguiente tendríamos otro día de reposo.
Por suerte, el pronóstico estaba de nuestro lado. Por delante solo teníamos días soleados y tal vez algo ventosos, pero nada para preocuparse. En definitiva, estábamos en la alta montaña. Esperar jornadas de sol y sin viento sería absurdo.
Día 7
Día de descanso y chequeo médico. Scotty no presentó ningún problema, ya que su saturación y sus pulsaciones mostraban un buen estado de su parte. Así, con los ánimos bien altos, al día siguiente moveríamos hacia Canadá.
Día 8
La primera vez que habíamos subido a Canadá nos llevó casi cuatro horas. Ahora salimos a las 11 de la mañana y llegamos a las 14:15, poco más de tres horas. Una gran mejoría.
Ese día, los porteadores que habían llevado la carga también nos habían armado las carpas. Lo vuelvo a destacar: el staff de Aconcagua Visión, y en este caso los porteadores, trabajan como verdaderos profesionales.
Pero no todo eran sonrisas en Canadá. El agua disponible para beber estaba en pésimas condiciones: tenía más olor a azufre que a agua potable, y su efecto era el de un potente laxante. De hecho, ese día, entre gestos de preocupación, sonrisas de resignación y cierto disgusto, vimos a alguien que no alcanzó a bajarse los pantalones a tiempo.
Eso nos llevó a modificar los planes y no quedarnos ni un día más, en Canadá, como estaba previsto. Así que llamé a los porteadores para que vinieran a buscar el equipo ala otro día, a las 10 de la mañana.
Tomando muy poca agua, Scotty prácticamente no durmió en toda la noche. Por suerte, al día siguiente, en Nido de Cóndores tendríamos agua fresca para reponernos de los efectos laxantes del agua de Canadá.
Día 9
Sin esperar más, apenas nos despertamos, desayunamos y salimos hacia el C2, Nido de Cóndores (5400m.s.n.m.). Llegamos a eso de las 18 horas: hacía frío y corría mucho viento. Pero fui a buscar agua, y nos cansamos de hidratar. Esa noche, tanto Scotty como yo pudimos pasarla sin salir corriendo al baño.
Día 10
Día de descanso en Nido de Cóndores. Aunque para alguien acostumbrado a estar a más de 5000 m s. n. m., “descanso” es una forma de decir, ya que a 5400 m s. n. m. —altura en que nos encontrábamos— el cuerpo está en constante esfuerzo para, simplemente, vivir.
Ese día fue para caminar por la zona, usar los grampones en el poco hielo que encontramos, juntar agua en una pequeña laguna, donde cada temporada tomo el agua más pura que pueda imaginar. Aunque, por el hecho de haber otras personas cerca, siempre hay que hervirla. Nunca se sabe si —por ignorancia— muchos la han ensuciado.
Por otro lado, nunca hay que hidratar tomando solo agua sin ningún agregado, ya que se trata de H₂O en estado puro, sin minerales. Como digo siempre, es la mejor agua destilada para una batería.
El día fue para hidratarse, comer algo y, a la noche… dormir. Scotty, esa noche no durmió muy bien, de hecho, no durmió prácticamente nada.
Día 11
Otro día en Nido de Cóndores. Pero después de desayunar fuimos a caminar a la altura. Ese día llegamos a 5800 m s. n. m. como parte del proceso de aclimatación.
Esa nocheScotty… al fin pudo dormir.
Día 12
Otro día de descanso. Scotty ya se sentía muy bien y ese día fue para hidratarse, caminar por Nido de Cóndores y comer si tenía hambre, ya que muchas veces los síntomas de la altura incluyen la pérdida del apetito.
Día 13
Al fin llegó el día para mover al C3, Berlín (6000 m s. n. m.), y al día siguiente ir a la cumbre. Fue una jornada en la que, a buen ritmo, caminamos poco más de tres horas, parando cada 40 minutos para hidratarnos y comer algún snack.
Ese día, casualmente, era el cumpleaños de un viejo amigo que se encontraba en la ciudad de Tandil. Mis amigos porteadores no dudaron en mandarle un saludo aprovechando la señal de internet. Amigos y colegas de años en el Cerro Aconcagua.
Esa noche cenamos pastas: la clásica cena previa al día de cumbre.
Día 14
Alrededor de las 3:30 de la madrugada comenzó el día con el desayuno: café, mate, té y cereales. La mañana —aún de noche— estaba increíble. Totalmente despejada, sin viento, y las estrellas brillaban como nunca.
A pasitos fuimos avanzando. Un paso tras otro, muy despacio. El sol empezaba a calentar el ambiente y era un día como pocos: casi un día de playa, pero sobre los 6000 m s. n. m.
Aunque ese día Scotty parecía que, con cada paso, la montaña le iba robando un pulmón. No por edema, sino por agotamiento. Hasta que, lamentablemente, tres horas después de salir de Berlín tuve que tomar la decisión de bajar. En tres horas habíamos hecho el recorrido que se suele hacer en menos de dos. No era prudente seguir, aunque tal vez hubiera servido para el orgullo personal y poder decir que llegamos un poco más arriba… pero la verdad, no es mi estilo.
A mí me gusta ofrecer seguridad por sobre todas las cosas, y Scotty en ese estado —quizá más arriba y no mucho más— hubiera empezado con algún síntoma más preocupante que solo el agotamiento. Por eso ese día volvimos a Berlín.
Tras varios litros de jugo y té, él ya se sentía mejor y le propuse ir directo a Plaza de Mulas, ya que al ir descendiendo see iría sintiendo, cada vez mejor. Su problema no era falta de entrenamiento o fuerza física, sino que la altura había hecho efecto en su organismo y le había quitado toda la fuerza que solía tener a nivel del mar.
Ese fue largo, pero el asado que nos esperaba en Plaza de Mulas de parte del staff de Aconcagua Visión fue una gran recompensa por el esfuerzo.
Día 15
Scotty me invitó a bajar con él, en helicóptero hasta Horcones, desde donde fuimos a Mendoza. Por supuesto, no faltaron las empanadas en Uspallata y, al día siguiente, una cena y otro buen asado en la ciudad de Mendoza.
¿Fue un fracaso? En absoluto. Nunca es un fracaso volver sin la cima. Un fracaso es perder un dedo por el frío, o morir.
Y, gracias a que no fue un fracaso, sino una decisión, la temporada siguiente (2024–2025), con Scotty hicimos cumbre. Pero esa… es otra historia.